¡Hola! Sé que tengo este blog un poco abandonado, pero tenía una novela que terminar y no me daba la vida. Ahora que estoy libre, he retomado una de mis pasiones que son los K-dramas (doramas coreanos). Ya os hablé de ellos en esta entrada que os enlazo a continuación:

https://elbosquedelaspalabrasblog.com/2018/08/25/si-hablamos-de-amor-hablamos-de-k-dramas/

Justo ahora en pleno boom de Parasite, la película que se ha llevado 4 Oscars y que ha hecho que el mundo ponga sus ojos en las ficciones coreanas, yo me he decidido por un dorama que no es lo que estaba acostumbrada a consumir.

(Aquí un inciso: los dramas poco tienen que ver con las películas coreanas, ya que cada uno tiene sus códigos narrativos, pero os invito a que los descubráis porque son producciones maravillosas)

Pero a lo que iba, hoy os hablo de My ahjussi (Mi señor):

El título de esta entrada habla sobre lo que quiero contar. No voy a hacer una reseña como tal porque no se me dan bien y no creo que fuera capaz de hacerle justicia a esta serie tan compleja.

Porque eso es lo primero que quiero destacar de My ahjussi. No es el típico drama y quizás, si lo que pretendes es iniciarte en el mundo de los kdramas, a lo mejor no es para ti, si no tienes conocimientos previos sobre la sociedad coreana (tan distinta a cualquiera de las occidentales y tan compleja en sus relaciones sociales, familiares y en definitiva, estructurales).

My ahjussi es un drama. Pero con mayúsculas. Ríete tú de las series turcas porque My ahjussi es de esas ficciones tan reales que te sacuden el alma y te parten en pedazos.

Y aún así, hay que verla. ¿Por qué? Pues por muchas cosas.

Pero primero, dejad que os cuente de qué va.

Park Dong Hoon (Lee Sun Gyun) de 40 años, trabaja como ingeniero estructural en una firma de arquitectos. Es callado y estoico, decente hasta la médula, sacrificado y hace lo que haga falta por sus seres queridos. Tiene un sentido de deber para con su familia que marca sus acciones diarias.

Lee Ji An (IU) a los 21 años, ya sabe lo cruel que puede ser su vida. Y cómo es la suya. En un momento determinado, en medio de las luchas por ascensos y otras movidas de la empresa, el jefe le encarga (alentado por ella misma) la tarea de descubrir las debilidades de Park Dong Hoon.

¿El problema? Que, cuando trata de arruinarle la vida, acaba conociéndole y no puede evitar enamorarse de él. Aunque aquí tal vez hay más de amor platónico que de real, porque Lee Ji An encuentra en este hombre todo lo que a ella le ha faltado en esta vida.

Él es tan bueno, tan decente y sin embargo, está tan roto, que ella, que aún está peor que él, no puede evitar sentir lástima. Vaya dos ¿no?

Además, se ve envuelto en injusticias por parte de su jefe (y de su mujer), lo que hace que Lee Ji An acabe olvidando su misión inicial y se vuelque en proteger a Park Dong Hoon con todo su alma.

Pero My ahjussi no es solo ellos dos, pese a que llevan la carga dramática ( y qué bien actuada, impresionante).

Porque este k-drama va sobre la familia, que en Corea del Sur tiene un peso mayor al del individuo, de modo que las acciones de un miembro afectan al resto.

Al final, la familia, el trabajo (tan valorado en cualquier sociedad y muchísimo en la coreana) y el legado gira alrededor de un concepto que no es otro que KIBUN: una palabra que no tiene traducción literal, pero es algo como orgullo u honor, que siempre ha tenido un gran peso en la cultura asiática.

Es un elemento añadido que condiciona los personajes, sus éxitos y sus fracasos y en muchas ocasiones, cómo eso pesa demasiado sobre ellos.

Y ahí entran los hermanos del protagonista:

Park Sang Hoon (Park Ho San) es el hermano mayor. Es un hombre de mediana edad que fue despedido de su trabajo y después llevó a la quiebra dos negocios, por lo que acabó separado y viviendo con su madre. Pero aún sigue siendo tierno y consigue arrancarte unas de las pocas sonrisas de este dorama.

Park Ki Hoon (Song Sae Byeok) el más pequeño de los tres. Una vez fue un director genio en el mundo del cine. Sin embargo, han pasado 20 años desde sus días de gloria. Actualmente trabaja en una empresa de limpieza.

Y ahí es donde empatizas. Con el hombre mayor que no encuentra empleo y está en una edad en la que a pesar de la experiencia, el mercado laboral le da la espalda. Y el otro hermano, un soñador que quiere vivir de sus sueños, de escribir y contar historias, pero se da de bruces con la realidad de la vida y tiene que trabajar en lo que puede.

Y también está la madre de los tres, una mujer anciana que tiene que lidiar con el fracaso de sus hijos. Qué dolor he sentido al verla, de verdad.

Siempre he dicho que los k-dramas son sueños deslumbrantes, con esas localizaciones maravillosas en Seúl o Busan, pero My Ahjussi es más oscura.

my ahjussi

Se cuenta en los cubículos estrechos de una oficina, frente a una parada de metro o dentro de un vagón, en un barrio tradicional poco iluminado, en las salas de reuniones donde los tipos se creen importantes y son capaces de arruinar vidas, en un pequeño habitáculo donde Lee Ji An malvive con su abuela, en esos pequeños bares donde beben soju después de un agotador día de frustraciones, en esa puerta frente a las escaleras donde Lee Ji An recibe los golpes de su pasado.

Hay mucha forma de plasmar la tristeza y la soledad en la ficción. Yo misma, como escritora, la he reflejado en momentos y situaciones. Pero he visto y aprendido mucho cómo hacerlo en My Ahjussi.

A través de los silencios prolongados, pero también de la respiración, los suspiros y los pasos que Ji An escucha desde su puesto de «espía» y sobre todo, de los diálogos, herramienta narrativa por excelencia.

Os pongo ejemplos aquí (puede haber spoilers, aviso)

-Hay alguien que sabe mucho de mí. Y creo que también sé mucho sobre ella.

-¿Estás feliz?

-Estoy triste. Me entristece que ella sepa quién soy.

Esta conversación es de Park Don Hun con su hermano pequeño (el director de cine) y tiene lugar en el bar de su amiga, entre las risas y la alegría de los demás.

-Cuando amanece … escucho el golpeteo … de los pasos de la gente. Escuchar ese sonido debajo de mis mantas … me hace sentir muy sola. Ni siquiera te lo podías imaginar. La sensación de que soy la única que no avanza.
Entonces, a veces … me siento afuera cerca de la puerta, temprano en la mañana.
Porque quiero sentir que estoy avanzando con ellos también.

Jung Hee (Propietaria del Bar ‘Jung Hee’)

My ahjussi pone a sus personajes al borde, en situaciones tan límite que resultan angustiosas.

¿Hasta cuándo puedes ser controlado, decente, cuando todo a tu alrededor se desmorona? ¿Y cómo puedes no enamorarte de un hombre tan bueno, que no es capaz de dejar volar su corazón?

Este kdrama narra la vida de muchos personajes, pero los más importantes que son Lee Ji An y Park Dong Hun. Son tan intensos y tan complejos que me cuesta describirlos, pero van evolucionando y entrelazándose en una relación que no es fácil de clasificar.

No es una historia de amor romántico, pero da igual, porque hay escenas que quedan para el recuerdo. Una de mis favoritas está en el episodio 14. Ella, sola, en la cabina azul, él de regreso en el barrio, bajo la macilenta luz de las farolas. Esos dos planos contrapuestos, parecidos a una viñeta. Y Park Dong Hun está literalmente temblando y cuando ella le pregunta si se volverán a saludar calurosamente en su reencuentro, él apenas puede pronunciar palabra.

Toda esa escena, la fuerza de los diálogos, de la respiración acelerada, todo habla de tristeza. Y de qué manera.

La realidad es que el trabajo actoral de IU y de Lee Sun Gyun es impresionante y ha conseguido que me pase enganchada a esta serie solo por ellos dos, por su capacidad de transmitir esa tristeza, esa desesperación. La soledad en estado puro.

Gracias. Gracias. Escuchaste todo lo que sucedía en mi patética vida y, sin embargo, te pusiste de mi lado. Así que gracias. Gracias. No debería querer nada más en la vida ahora. No puedo … soportar verte con dolor porque me compadeces. Y yo … no soporto el hecho de que eres tan lamentable. ¿Cómo podría alguien tan joven como tú … sentir tanta pena por un adulto como yo? Me parte el corazón demasiado para soportarlo. Si no puedo mostrarte que estoy viviendo una vida feliz … continuarás sufriendo por mi culpa. Y cuando pienso en ti, sufriendo por mi culpa … tendré tanto dolor que no podré continuar.

Hay muchas frases, pero sobre todo una: NO ES NADA. Porque todo paso, porque aunque parece que tu vida está a punto de arruinarse, solo es una etapa.

Sé que esta entrada no le hace justicia a este kdrama tan complejo, tan hermoso, tan desgarrador, pero tenía que hablar de él. De todo lo que me ha hecho sentir.

Hay escenas memorables: la de los tres hermanos destrozados cuando han descubierto que el perfecto e idealizado Park Don Hun no tiene la vida que ellos creían; y todo el capítulo final, un canto a la vida, a ese «todo pasa».

Y luego está la OST, que es una auténtica joya. Esta canción que os pongo aquí me ha parecido maravillosa, porque es triste y descorazonadora.


En definitiva, My Ahjussi habla de la soledad. Y lo hace principalmente, a través de unos auriculares, usando una herramienta narrativa que a mí me parece genial.

Con todos los sentimientos que me ha generado esta serie, acabo esta entrada, que no es a lo que estáis acostumbrados en este blog, pero es que tenía que contarlo.

-Estaba a punto de morir, pero tú eres quien me salvó …

-Realmente viví mi vida por primera vez porque te conocí, Ahjussi …

Como enseñanza, me queda una frase: Seamos felices.

Gracias por leerme.

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