El bosque de las palabras

,

  • En 1924, Bangkok no era ya la misma ciudad que habían conocido los viajeros europeos un siglo antes. Lejos quedaba la capital amurallada del siglo XIX, con sus canales serpenteantes, sus mercados flotantes y el predominio absoluto de la tradición. A comienzos del siglo XX, bajo el reinado de Rama V y, después, de Rama VI, la ciudad había comenzado a transformarse en un escenario híbrido: un espacio en el que los palacios inspirados en Versalles se erguían junto a templos budistas milenarios, y en el que las avenidas rectilíneas de estilo europeo convivían con los estrechos callejones de Sampeng, el corazón del barrio chino.

    El motor de este cambio fue el deseo de Siam de presentarse como un país moderno ante los ojos de Occidente. A finales del siglo XIX, las potencias coloniales miraban con ambición hacia el Sudeste Asiático. Mientras Birmania había caído en manos británicas y Camboya bajo dominio francés, Siam debía demostrar que podía “civilizarse” sin necesidad de un tutor extranjero. Fue en ese contexto cuando el urbanismo se convirtió en una poderosa herramienta política.

    El ejemplo más visible de esta modernización fue la apertura de Ratchadamnoen Avenue, concebida como un eje monumental que conectaba el Palacio Real con el nuevo Dusit Park, la residencia de Rama V inspirada en los palacios europeos. Los mapas de principios de siglo muestran con claridad cómo esta avenida cortaba la trama tradicional de la ciudad y creaba un escenario ceremonial, pensado tanto para los súbditos siameses como para los diplomáticos extranjeros. Era, en definitiva, una declaración de modernidad hecha piedra y asfalto.

    Al mismo tiempo, en la zona antigua de la ciudad, el trazado de canales seguía marcando la vida cotidiana. Las casas de madera sobre pilotes, los templos budistas y los mercados flotantes recordaban que la modernización no borraba de un plumazo siglos de costumbres. Bangkok en 1924 era, por tanto, una ciudad de contrastes: el lugar donde un noble podía asistir a un banquete en un palacio neoclásico al anochecer y, al día siguiente, cruzar en barca un canal para visitar un templo en ruinas o negociar con un comerciante chino en Sampeng.

    Esa tensión entre lo viejo y lo nuevo no era solo estética: reflejaba un choque de identidades. Por un lado, la corte impulsaba el ideal del siwilai, un concepto que traducía la idea de “civilización” y que legitimaba reformas en la educación, la arquitectura y la política. Por otro, amplios sectores de la población seguían aferrados a formas de vida tradicionales, resistiéndose a una modernidad que parecía diseñada para complacer a los europeos más que para responder a sus propias necesidades.

    En este escenario, Bangkok se convierte en un personaje más de la historia: una ciudad donde cada calle, cada palacio y cada mercado cuenta algo sobre la lucha de Siam por sobrevivir entre la tradición y la modernidad. Y es precisamente este telón de fondo el que da vida a «Bajo los cielos de Siam», mi próxima novela que sale a la venta el 9 de octubre. Allí, los protagonistas se mueven por avenidas luminosas y barrios sombríos, entre salones palaciegos y callejones de Sampeng, encarnando en sus propios destinos la dualidad de un país que buscaba, con urgencia, no desaparecer.

    Bangkok en transformación: de la ciudad amurallada a la capital moderna

    –––––––

    Sep 15
  • Póster de la serie de Netflix

    ¡Hola! Con el reciente estreno de la serie Aema (애마) en Netflix os hablo de en qué está inspirada.

    Un éxito que definió una década

    Dirigida por Jeong In-yeob y protagonizada por Ahn So-young, la cinta marcó un antes y un después en la historia del cine coreano. No solo inauguró el cine erótico contemporáneo en Corea, sino que dio origen a la saga más extensa en la historia fílmica del país, con 13 entregas oficiales y múltiples imitaciones (como París Aema, Gypsy Aema), configurando incluso un subgénero propio dentro de la industria (NamuWiki, 2025).

    Este fenómeno ocurrió durante un periodo de profunda crisis cultural: tras el cierre forzoso de la emisora TBC y el control férreo sobre los medios, el cine coreano sufría una grave parálisis. La política no oficial de las 3S (Screen, Sports, Sex) implementada por el régimen tenía como objetivo desviar la atención del público de las luchas sociales mediante entretenimiento masivo. En este clima, el erotismo filmado se convirtió en herramienta de evasión —y en algunos casos, de resistencia ambigua— frente a la represión estatal (Min, Joo & Kwak, 2003; Cine21, 2002).

    Póster de la película de 1982

    Deseo femenino entre contradicciones

    La protagonista, Ae-ma (interpretada por Ahn So-young), es una mujer burguesa atrapada en un matrimonio con un hombre ausente y encarcelado por homicidio accidental. Abandonada por su hija y socialmente aislada, Ae-ma explora su sexualidad en una serie de relaciones que oscilan entre la ternura, la brutalidad y la frustración. En una escena emblemática —y polémica—, aparece cabalgando desnuda sobre un caballo, símbolo visual del deseo indomable y del sacrificio físico de la actriz, quien sufrió una hemorragia tras filmar sin protección ni silla de montar (NamuWiki, 2025).

    Aunque la película ha sido criticada por su cosificación del cuerpo femenino y su mirada masculina, muchos críticos la reivindican como una obra pionera en presentar abiertamente la sexualidad femenina no como pasividad, sino como deseo activo:

    > “여성도 남성과 동등한 욕망을 가진 주체적 인물로 다룸으로써 여성 역시 남성과 동등한 욕망을 가진 인물임을 조명했다는 것이다”
    (“La película muestra a la mujer como un ser con deseos propios, igual que el hombre, y no como un mero objeto de la narrativa”) — NamuWiki (2025)

    Esta agencia no se sostiene hasta el final: Ae-ma termina regresando al hogar conyugal, no por obligación explícita, sino por el peso simbólico de la “normalidad” familiar, tal como ocurría en las versiones censuradas del final de Casa de muñecas de Ibsen. La transgresión queda clausurada, como si solo pudiera tolerarse como “fiebre pasajera”.

    Fotograma película

    Del cine industrial al archivo político

    Aunque la calidad de las entregas posteriores de la saga decreció drásticamente —centrándose más en la explotación erótica que en la psicología de sus personajes—, el impacto de Madame Aema como fenómeno cultural fue crucial para sostener la industria fílmica durante los 80. Según Min et al. (2003), “el éxito de Madame Aema creó un mercado para películas eróticas que salvaron al cine coreano del colapso económico” (p. 67).

    Más allá del mercado, Madame Aema ofrece una ventana al inconsciente colectivo de una nación que despertaba lentamente a temas como el deseo femenino, la libertad individual y la crítica a las estructuras patriarcales, aunque de forma velada. Fue, como lo describe Cine21, “una alucinación colectiva” que expresaba la impotencia emocional, política y sexual de toda una generación.

    Conclusión

    Hoy, Madame Aema puede resultar chocante o anacrónica. Pero en su momento, fue mucho más que una película erótica: fue una manifestación de los límites de lo permitido, un síntoma de las contradicciones entre el deseo y la represión, entre la mujer como objeto de consumo y como sujeto de deseo.

    Cuarenta años después, su legado persiste no solo en la historia del cine coreano, sino también en las preguntas que aún seguimos formulándonos sobre género, censura, moralidad y libertad.

    Referencias

    Min, E., Joo, J., & Kwak, H. (2003). Korean Film: History, Resistance, and Democratic Imagination. Westport, CT: Praeger.

    Park, Y. (2019). From the Era of Melodrama to the Age of the Comedy and the Thriller. Korea Journal, 59(4), 103–135. https://doi.org/10.25024/kj.2019.59.4.103

    Cine21 (2002). 불능의 시대 밤의 여왕 <애마부인> 20년, 그 환각과 도피의 초상. Cine21, No. 339. Recuperado de https://www.cine21.com/news/view/mag_id/8593

    NamuWiki. (2025). 애마부인 (1982). Recuperado el 24 de agosto de 2025, de https://namu.wiki/w/애마부인

    Entre la represión y el deseo: Madame Aema y el despertar del cine erótico en la Corea de los 80

    –––––––

    Ago 25
  • ¡Hola! Tal y como os dije en la entrada anterior, vuelvo a hablaros de Pachinko, la serie que adapta la novela homónima de Min Jin Lee y que narra la historia de una familia coreana marcada por la colonización japonesa, el exilio forzado y la lucha por la supervivencia entre Corea, Japón y EE. UU.

    La serie es el resultado de una coproducción transnacional que articula sensibilidades asiáticas y occidentales, y veremos que la cuya narrativa disruptiva de la primera temporada (de la que os voy a hablar hoy) se distancia del orden cronológico tradicional para proponer una experiencia fragmentada del tiempo, acorde con la vivencia migrante contemporánea.

    Temporalidad no lineal y trauma intergeneracional

    La ruptura de la linealidad temporal en Pachinko refleja una concepción subjetiva y afectiva del tiempo migrante. A través de flashbacks, saltos narrativos y episodios dedicados a eventos traumáticos como el terremoto de Kanto (1923), la serie traslada al espectador a una experiencia de «viaje temporal» que simula la percepción del tiempo de quienes viven en el exilio, entre la espera, el duelo y la discontinuidad. Inspirada en los trabajos de Jason Mittell, Mary Ann Doane y David Harvey, esta estructura refleja la compresión espacio-temporal del mundo globalizado, en el que el pasado irrumpe constantemente en el presente. ¿Y esto qué quiere decir? ¡Pues sigue leyendo que te lo cuento!

    Espacialidad, desplazamiento y sin lugar

    En Pachinko el pasado no es un telón de fondo. Es una presencia insistente, una fuerza que da forma al presente de sus personajes y que estructura la historia misma. La serie propone una forma de narrar el trauma migrante que escapa a la cronología lineal. Su narrativa fragmentada, que cruza continentes y generaciones, no solo responde a una estrategia estética: es también una forma de encarnar cómo se vive el dolor heredado.

    Si nos basamos en la teoría del lugar de Edward Relph y Heidegger, Pachinko construye una cartografía emocional del exilio en la que lugares como Yeongdo (raíz), Osaka (hogar adoptivo) y Tokio o Nueva York (sin lugar) representan distintas etapas del desarraigo.

    A través del lenguaje visual —planos aéreos, superposiciones, títulos en múltiples idiomas—, la serie traduce el desplazamiento físico y simbólico de sus personajes en una experiencia estética que interpela también al espectador.

    El tiempo en Pachinko no avanza de forma ordenada. Se pliega, retrocede, se fragmenta. Este desorden responde a una verdad emocional: los personajes no viven después del trauma, sino dentro de él.

    Sunja, la protagonista, abandona su Corea natal en un acto de supervivencia, pero nunca deja atrás su historia. Su nieto, Solomon, décadas después, sigue sintiendo los efectos de decisiones que no tomó, de heridas que no vivió directamente, pero que lo constituyen.

    Sunja y Solomon en la serie

    Esta elección narrativa recuerda lo que Jason Mittell describe como «TV compleja»: una estructura donde el tiempo es manipulado para construir ambigüedad, profundidad y desafío intelectual. Pero en Pachinko, el objetivo no es solo formal. El montaje no lineal traduce visualmente la experiencia de la diáspora: una existencia vivida en la simultaneidad de lo que se dejó atrás y lo que nunca termina de llegar.

    La historia de Pachinko nos muestra cómo el pasado se hereda. No solo como memoria, sino como cuerpo, lenguaje, decisiones.

    Solomon —con su dominio del inglés, japonés y coreano— no logra liberarse de las expectativas y estigmas que arrastra por ser nieto de una inmigrante coreana en Japón. A pesar de sus logros académicos y su aparente integración al mundo corporativo global, su trayectoria está atravesada por la historia familiar.

    Solomon

    El montaje paralelo entre el pasado de Sunja y el presente de Solomon no busca ilustrar un simple contraste. Más bien, muestra cómo las experiencias se replican, cómo el duelo, el racismo, la exclusión y la lucha por la dignidad se repiten con otros nombres, otras caras, pero con la misma intensidad.

    En ese sentido, Pachinko ofrece una estructura narrativa donde el trauma no se supera, se transforma. Es una serie sobre la persistencia de la historia, sobre el peso de lo no dicho, sobre el modo en que las heridas no cicatrizan solas. En una época que valora las narrativas de superación, Pachinko recuerda que hay pasados que no se dejan atrás, porque son parte de lo que somos.

    Solomon

    Un ejemplo de HAN

    Solomon, en cambio, al final de la temporada, elige sumergirse en ese pasado, mojarse, en lugar de seguir seco, estéril y desconectado. La escena en que baila bajo la lluvia —mientras la cámara alterna con una Sunja que se adentra en el mar— es una coreografía intergeneracional de duelo y redención. El agua lo une a la herida, lo acerca a una memoria que no puede borrar, pero sí comprende.

    Aquí os dejo la escena:

    “La escena de Solomon bailando bajo la lluvia, en contrapunto con Sunja caminando hacia el mar, representa la reconciliación entre generaciones y la asimilación del dolor ancestral. El agua actúa como símbolo del han coreano: ese dolor acumulado, intergeneracional, que no se puede expresar con palabras pero que se manifiesta en el cuerpo, en los gestos, en la historia. En esa coreografía silenciosa entre abuela y nieto, la serie sugiere que aunque el trauma no desaparece, puede transformarse en memoria compartida, en afecto, en continuidad.”

    “Trans-boundary and Trans-identity: Pachinko”
    Publicado en el Journal of Positive School Psychology, Vol. 6, No. 7 (2022).

    Pachinko y la memoria migrante

    –––––––

    Abr 23
  • Póster


    La novela Pachinko de Min Jin Lee, publicada en 2017, es una obra magistral que nos cautiva con su profundidad y riqueza narrativa.Os hablé de ella en otra entrada (aquí).En «Pachinko», Min Jin Lee explora profundamente el tema de la identidad a través de las experiencias de sus personajes, quienes luchan por encontrar un sentido de pertenencia y autenticidad en un mundo marcado por la discriminación y la marginalización.

    La serie de televisión del mismo nombre, estrenada en Apple TV+ en marzo de 2022, adapta esta conmovedora historia que abarca cuatro generaciones de una familia coreana que emigra a Japón durante la ocupación colonial japonesa. Desde el mensaje inicial sobre la superación del pueblo coreano y una familia en concreto, Pachinko se nos muestra como un alegato de supervivencia y HAN.  En un momento en el que las narrativas sobre migración proliferan en las plataformas globales, Pachinko se destaca no solo por su valor estético, sino por su complejidad ética, política y estructural. Esta serie trilingüe —producida entre Corea, Japón y Estados Unidos— no se limita a contar una historia familiar, sino que construye un retrato emocional y sensorial de lo que significa vivir entre fronteras, entre lenguas, entre tiempos.

    La trama:

    La historia comienza en la década de 1910, en un pequeño pueblo pesquero en el Distrito de Yeongdo, cerca de Busan, Corea del Sur. Sunja, la protagonista, nace en un entorno marcado por la opresión y la pobreza de la ocupación japonesa. Sus padres, Hoonie y Yangjin, manejan una humilde casa de huéspedes, permitiéndoles vivir ligeramente mejor que sus vecinos. Su padre, que era un marginado por una malformación en su labio, la amó intensamente y le prometió que siempre estaría cuidada. Quería mantener la fealdad del mundo lejos de su hija, y anhelaba desesperadamente que ella supiera que en el mundo aún quedaba bondad y gratitud.

    Sunja de niña con su padre

    Pero la época que le tocó vivir a Sunja, durante la ocupación japonesa de Corea, no fue amable para nadie.

    Cogieron nuestra tierra, nos arrebataron nuestro arroz, nuestras patatas, nuestro pescado. Les ordenaron a nuestras mujeres que dejaran de llevar blanco. Nos hicieron comer como ellos, hablar como ellos pero nunca nos verán como uno de ellos.

    Con esta frase uno de los huéspedes se queja de la situación. Habla de lo que fueron las políticas de japonizacion conocidas como Kominka.

    La aparición de Koh Hansu, un hombre enigmático y apuesto, cambia el curso de su juventud.

    Lee Min Ho como Hansu


    Koh Hansu es un Zainichi (coreano residente en Japón) y comerciante de pescado con conexiones con la Yakuza, la mafia japonesa. Sunja se enamora apasionadamente de él, sin estar al tanto de su vida oscura y secreta, lo que le hará enfrentar una crisis de identidad cuando descubre su embarazo fuera del matrimonio. No olvidemos que estamos en una época en la que la castidad de una mujer era esencial en Corea. Con la aparición de Isaac, un joven cristiano que acepta casarse con ella, pese a que apenas la conoce, para salvar su reputación y la de su familia, Sunja se enfrenta a un gran cambio de vida puesto que acepta viajar a Osaka, donde la vida para los coreanos era un infierno lleno de carencias y privaciones.

    La narrativa se convierte en una íntima saga de amor prohibido que se extiende desde Corea a Japón, con la familia enfrentando racismo, poder y dificultades económicas.

    Identidad y adaptación:
    La historia de la familia de Sunja, que se despliega entre 1910 y 1989, es también la historia de miles de coreanos desplazados durante la colonización japonesa.
    Como os podéis imaginar, la identidad coreana es un tema central de Pachinko. Los personajes luchan por adaptarse a una nueva cultura, enfrentando prejuicios y desafíos mientras intentan preservar su herencia cultural. La supervivencia se entrelaza con la búsqueda de pertenencia, creando un poderoso hilo conductor a lo largo de la historia y de sus personajes, tanto de Sunja en Osaka como de su nieto Solomon, de vuelta a Japón como un exitoso hombre de negocios. Ya desde el primer episodio nos encontramos con una historia sobre las diferentes nociones de identidad, ya que la de este último personaje, Solomon siempre ha navegado entre la de sus familiares y la de su entorno(de esto os hablaré más en otra entrada).

    Solomon en la serie


    Ambición narrativa y elementos cinematográficos:

    La serie Pachinko se desarrolla en dos líneas temporales: la primera en la Corea del Sur ocupada por Japón en los años 1910, y la segunda en Japón a finales de los 80.

    La geografía de Pachinko no es neutral. Edward Relph y Martin Heidegger sirven de base teórica para entender cómo el espacio en la serie no es solo un fondo, sino un tejido de sentido emocional. Yeongdo es raíz; Osaka es hogar impuesto; Tokio y Nueva York representan la despersonalización de la modernidad.

    La cámara, los planos aéreos, las superposiciones y los paisajes urbanos amplifican la sensación de «placelessness», de no pertenecer a ningún lugar del todo.

    Japón a finales de los 80 en la serie

    Esta ambición narrativa se refleja en un diseño de producción impecable, donde el vestuario, los escenarios y la comida juegan un papel crucial en evocar la atmósfera de cada época.

    Corea en la colonización


    Los directores Kogonada y Justin Chon mantienen una cohesión estilística que se traduce en una narrativa visual impresionante. La comida se convierte en un símbolo de conexión y pertenencia, transmitiendo emociones y recuerdos a través de los platos.

    Sunja de joven



    Reflexión sobre la discriminación y los sacrificios

    Pachinko aborda de manera conmovedora la discriminación racial y los sacrificios familiares. A través de las experiencias de los inmigrantes coreanos en Japón, la serie explora la opresión, la xenofobia y el racismo. Las brechas generacionales y los sacrificios realizados por cuatro generaciones de una familia coreana son temas recurrentes, destacando las luchas de supervivencia en tiempos difíciles.

    Algunos personajes que encontramos, aunque técnicamente japoneses, se enfrentan constantemente a la pregunta de dónde realmente pertenecen y qué significa ser parte de una comunidad que los ve como extranjeros y que no considera sus derechos. Algunos optan por renegar de su herencia y adoptar la cultura japonesa en un esfuerzo por integrarse, mientras que otros luchan por mantener viva su identidad coreana a pesar de las dificultades y la discriminación que enfrentan.

    Además, la identidad de género también se examina en «Pachinko», especialmente a través de personajes como Sunja y su nuera, Kyunghee, quienes desafían las expectativas de género de la sociedad y luchan por encontrar su lugar en un mundo dominado por los roles tradicionales.

    En última instancia, «Pachinko» nos muestra que la identidad no es algo estático, sino fluido y en constante evolución. A través de los altibajos de la vida de sus personajes, la novela nos recuerda la importancia de aceptarnos a nosotros mismos y a los demás, independientemente de nuestras diferencias, y de encontrar el coraje para afirmar nuestra identidad en un mundo que a menudo trata de definirnos por nosotros.
    Desde la teoría cultural, Pachinko se inscribe en el género del «melodrama migratorio» (Ana Elena Puga), donde el sufrimiento no es solo parte de la trama, sino una condición de posibilidad para la representación. En esta lógica, el dolor es lo que permite a los personajes ser reconocidos y validados.

    Sin embargo, la serie también ofrece momentos de consuelo, resistencia y reinvención. Los nacimientos, los reencuentros y los gestos cotidianos de cuidado funcionan como contrapunto al trauma. La migración no es solo pérdida: también puede ser reconstrucción.


    Por tanto, Pachinko es una obra maestra que nos invita a reflexionar sobre la identidad, la supervivencia y el amor en épocas de adversidad.

    Tanto la novela como la serie televisiva nos transportan a un mundo lleno de emociones y enseñanzas, donde las decisiones de cada generación repercuten a lo largo del tiempo. Si aún no has explorado esta fascinante saga, sumérgete en el universo de Pachinko y descubre cómo la identidad y la supervivencia se entrelazan en la historia de una familia resiliente.

    Identidad y supervivencia en Pachinko

    –––––––

    Abr 22
  • ¡Hola! Hoy hoy hablo del concepto coreano de han (한, 恨) que ha fascinado a académicos, artistas y teólogos por igual. Se trata de una emoción colectiva profundamente enraizada en la experiencia histórica de Corea y difícil de traducir al lenguaje occidental. ¿Es el han una forma de melancolía? ¿Un duelo sin resolución? ¿Una energía transformadora? En este artículo voy a tratar de aclararlo. Si te interesa, ¡sigue leyendo!

    Definir lo indefinible: ¿qué es el han?

    El han ha sido descrito como un sentimiento profundo y acumulativo de pena, ira contenida, injusticia no resuelta y esperanza melancólica. Park Kyong-ni, autora de T’oji, lo define como «una mezcla de tristeza y esperanza, el núcleo mismo de la vida»​. Es una emoción colectiva que atraviesa generaciones y que no se expresa abiertamente, sino que se reprime, se hereda y se transforma.

    Como observa Sandra So Hee Chi Kim, el han fue conceptualizado como un rasgo del alma coreana durante la ocupación japonesa, y luego adoptado como parte del discurso etnonacionalista poscolonial​. Más que una emoción individual, se trata de un afecto histórico, una memoria emocional del trauma colectivo.

    Photo by Hyeok Jang on Pexels.com

    Origen histórico y resignificación cultural

    La historia moderna de Corea está marcada por el trauma: la ocupación japonesa (1910–1945), la Guerra de Corea, la división de la península, y las dictaduras militares. Estas experiencias consolidaron el han como un símbolo nacional de duelo no resuelto.

    En el ámbito espiritual, el han se expresa a través del hanpuri, un ritual chamánico de liberación del dolor reprimido.

    Esta noción ha sido incorporada también por la teología Minjung, que entiende el han como expresión del sufrimiento del pueblo oprimido

    Pero el han no solo vive en los templos o las montañas: se manifiesta en la música pansori, en la poesía, en el cine, en los k-dramas y en el K-pop. Como destaca Björn Boman, incluso grupos como BTS o (G)I-dle han incorporado elementos de han en sus letras, especialmente en temas sobre pérdida, frustración y memoria emocional​. En estos contextos, el han se ha resignificado como una forma de procesar y embellecer el sufrimiento.

    Cine y han: el realismo emocional coreano

    El cine surcoreano ha sido uno de los principales vehículos para expresar el han. Autores como Lee Chang-dong, Hong Sang-soo, Im Kwon-taek, y Park Chan-wook han construido poéticas del silencio, la alienación y la búsqueda de redención.

    • Secret Sunshine (Lee Chang-dong, 2007): una mujer que pierde a su hijo intenta encontrar sentido en la religión, pero el perdón se convierte en otra forma de dolor.
    • Poetry (Lee Chang-dong, 2010): una abuela en los márgenes de la sociedad busca la belleza en medio de la vergüenza familiar.
    • Burning (2018): explora la impotencia de una generación atrapada entre el deseo, la desigualdad y la indiferencia.
    • Peppermint Candy (1999): recorre la historia reciente de Corea a través de la vida de un hombre destruido por su pasado.
    • Oasis (2002): retrata el amor entre dos personas marginadas por la sociedad, sin idealizar su sufrimiento.
    • Oldboy (2003): venganza, encierro, humillación —una condensación oscura del han masculino contemporáneo​.

    En todos estos casos, el han se manifiesta a través de lo que Ryan Gardener llama “realismo emocional”: no importa tanto la verdad factual, sino la forma en que el cine logra transmitir la densidad afectiva del trauma histórico y personal​.

    El han en los kdramas

    Aunque los dramas coreanos tienden a ser más accesibles y comerciales, también han sabido representar el han en formas populares pero poderosas.

    Ejemplos notables:

    • My Mister (tvN, 2018): un relato sutil sobre la tristeza silenciosa, el cansancio emocional y la conexión entre dos seres rotos.
    • Misaeng (tvN, 2014): retrata el mundo laboral como una prisión emocional, donde el han se acumula en la impotencia cotidiana.
    • Reply 1988 (tvN, 2015): nostalgia, pérdidas familiares y la melancolía del tiempo que ya no vuelve.
    • Uncontrollably Fond (KBS2, 2016): dolor físico y emocional, redención imposible, un protagonista que muere sin reconciliación.
    • Move to Heaven (Netflix, 2021): cada episodio es un retrato de duelos no resueltos, abandono y memorias silenciadas.
    • Mr Sunshine (tvN, 2018 / Netflix): un relato profundamente marcado por el han —tanto en sus personajes como en su tratamiento de la historia nacional coreana.

    Incluso en dramas de género fantástico como Hotel del Luna o Goblin, los personajes viven durante siglos atrapados en el han, esperando redención o descanso espiritual.

    Pachinko: han transgeneracional y resistencia femenina

    Pachinko

    La serie Pachinko (Apple TV+, 2022), basada en la novela de Min Jin Lee, es una de las representaciones más complejas del han en la narrativa transnacional coreana.

    A través de varias generaciones de una familia coreana en Japón, Pachinko retrata:

    • La humillación colonial.
    • La discriminación racial y de clase.
    • El desarraigo cultural.
    • La transmisión del trauma a través de madres, hijas y abuelas.

    Sunja, la protagonista, encarna un tipo de han que es silencioso pero poderoso: el de las mujeres que cargan con la historia sobre sus hombros y sobreviven sin dramatismo, pero con dignidad. La serie convierte al han en un lenguaje visual y afectivo: en las miradas, los silencios, la repetición de gestos cotidianos y la lucha por mantener la memoria viva.

    Diáspora, género y memoria: el han como herencia

    En la literatura y experiencia de la diáspora coreana, el han se manifiesta como lo que Héloïse Thomas-Cambonie denomina postmemory han: un duelo heredado que afecta la identidad, especialmente entre mujeres jóvenes que cargan con las heridas coloniales, patriarcales y raciales de sus madres y abuelas​. Pero también muestra cómo el han puede ser fuente de espiritualidad, compasión y resiliencia.

    El han como forma de pensamiento

    El han no es solo una emoción. Es una estructura de sentimiento, como diría Raymond Williams. Es la manera en que Corea ha aprendido a narrar su historia desde el duelo, pero también desde la creatividad.

    El han articula una ética de la memoria: no olvidar, no vengarse, pero tampoco dejar de sentir. Es el dolor que se hace arte, el silencio que se vuelve cine, la herida que se transforma en canción.

    Han y la memoria emocional de Corea: dolor, resistencia y estética cultural

    –––––––

    Abr 21
  • ¡Hola! Regreso para hablar un poco más de Squid Game. En esta ocasión, voy a hablarte de la relación existente entre esta serie y la aclamada película Parasite.

    Si te interesa, sigue leyendo.

    Los productos culturales surcoreanos han demostrado ser una de las formas más poderosas de crítica social en el siglo XXI. A través de historias impactantes y visuales que nos atrapan desde el primer minuto, nos muestran la brutalidad de la desigualdad, la explotación y la trampa de la movilidad social dentro del sistema capitalista.

    Dos de sus obras más emblemáticas, Parasite (2019) y Squid Game (2021), han alcanzado reconocimiento mundial precisamente porque exponen, sin filtros, la lucha de clases y la violencia estructural que sostienen el capitalismo moderno.

    Aunque son historias muy distintas—una sátira negra sobre una familia infiltrándose en la élite y una serie de supervivencia con juegos letales—ambas comparten el mismo mensaje: en este sistema, el éxito es una ilusión diseñada para que solo unos pocos ganen, mientras la mayoría compite en un juego imposible de ganar.

    Póster película

    Hoy te cuento cómo Parasite y Squid Game representan la desigualdad, la violencia sistémica y el Han, un concepto clave en la cultura coreana, a través de su narrativa, sus personajes y su simbolismo visual. Si te interesa, sigue leyendo.

    El Han coreano y la inevitabilidad del sufrimiento

    En la entrada anterior ya os hablé de este concepto llamado Han (한) que también es clave para entender el impacto emocional de Parasite y Squid Game.

    Fotograma de Parasite

    En Parasite, la familia Kim es la representación perfecta del Han. A pesar de ser ingeniosos y trabajadores, el sistema no les permite realmente ascender. Si te has fijado, desde el momento en que ponen un pie en la casa de los Park, su destino ya está sellado: pueden fingir que pertenecen a ese mundo, pero nunca serán parte de él.

    Imagen promocional segunda temporada

    En Squid Game, el Han se refleja en la desesperación de los jugadores. Arrastran deudas impagables y ven en el juego su última oportunidad para cambiar su destino. Sin embargo, si lo piensas bien, el sistema está diseñado para que la gran mayoría pierda. No importa cuánto se esfuercen o que voten que no quieren seguir jugando, están atrapados en una estructura que los obliga a competir entre ellos en lugar de desafiar al verdadero enemigo: el sistema en sí.

    Ambas historias nos muestran que el capitalismo genera desesperanza y luego la usa como herramienta de control. Nos vende la idea de que con suficiente esfuerzo podemos ganar, cuando en realidad, las reglas nunca han estado a nuestro favor.

    La ilusión de la movilidad social y la falsa meritocracia

    Nos han enseñado que el éxito es cuestión de esfuerzo y talento, pero ¿te has preguntado si eso es realmente cierto? Tanto Parasite como Squid Game destruyen la idea de que vivimos en un sistema meritocrático.

    Fotograma de la película Parasite

    En Parasite, los Kim intentan escalar socialmente reemplazando a los empleados de los Park. Son astutos, trabajadores y saben aprovechar cada oportunidad, pero nada de eso importa cuando el sistema los expulsa sin piedad. Su error es creer que pueden pertenecer a la élite solo con esfuerzo.

    Por su parte, también uno de los temas centrales de Squid Game es la desigualdad económica y la falta de movilidad social. La serie nos presenta un grupo de personas endeudadas que aceptan jugar en un torneo de juegos infantiles con la esperanza de ganar un premio millonario. Sin embargo, la competencia es una trampa diseñada para beneficiar solo a uno, mientras que los demás son eliminados brutalmente.

    Imagen de Squid Game

    Los jugadores representan a los sectores más vulnerables de la sociedad: desempleados, inmigrantes, estafados, endeudados y marginados.
    Los juegos infantiles refuerzan la ironía de cómo la inocencia se transforma en una competencia despiadada por la supervivencia.
    El protagonista, Seong Gi-hun, del que os hablé en la entrada anterior, es un ejemplo de la clase trabajadora atrapada en un ciclo de pobreza. Perdió su trabajo, cayó en el juego compulsivo y no puede mantener a su familia. A pesar de sus esfuerzos, el sistema lo sigue empujando hacia la desesperación.
    ¿Y cuánto de verdad hay en estos productos culturales?
    Corea del Sur es una de las economías más desarrolladas del mundo, pero también tiene una de las tasas más altas de desigualdad y endeudamiento personal. Aquí te dejo algunos datos:
    El 20% más rico de la población gana seis veces más que el 20% más pobre.
    El endeudamiento de los hogares es superior al 100% del PIB.
    El desempleo juvenil es alto, y la competencia laboral es feroz.
    En este contexto, Squid Game refleja cómo muchas personas se sienten atrapadas en un sistema que no les ofrece verdaderas oportunidades de mejora.

    Imagen serie

    La movilidad social es una ilusión. El sistema nos dice que cualquiera puede ascender con trabajo duro, pero en realidad, las estructuras de poder están diseñadas para mantener a los ricos en la cima y a los pobres en su lugar.

    Por supuesto, los ricos también aparecen en Squid Game.Uno de los elementos más impactantes de la serie es la introducción de los VIPs, un grupo de millonarios que observan los juegos como si fueran un espectáculo deportivo.
    Representan a las élites económicas que se benefician del sufrimiento de los menos privilegiados en un claro símil con los conglomerados coreanos llamados Chaebol que dominan la economía surcoreana y que han sido criticados por su influencia desproporcionada en la política, la sociedad y el día a día de la población común.
    ¿Qué son los chaebol?
    Los chaebol (재벌) son grandes conglomerados familiares de Corea del Sur, como Samsung, Hyundai, LG y SK Group, que crecieron bajo la tutela del gobierno durante la segunda mitad del siglo XX. Estos grupos han sido esenciales para la industrialización y crecimiento económico del país (el conocido como milagro del río Han), pero también han generado problemas de corrupción, monopolio y desigualdad social.
    Son empresas familiares donde el poder se hereda de generación en generación, además tienen una relación simbiótica con el gobierno por lo que influyen en decisiones políticas y económicas.
    Controlan múltiples sectores, reduciendo la competencia y limitando las oportunidades de pequeñas empresas.
    Y no podemos olvidar que han sido protagonistas de escándalos de corrupción, evasión de impuestos y explotación laboral.
    En Corea del Sur, los chaebol representan una élite económica cerrada, muy similar a los VIPs en Squid Game, quienes controlan el juego y se benefician del sufrimiento de los jugadores sin enfrentar consecuencias, escondidos detrás de máscaras doradas, una metáfora de su anonimato y su poder intocable.
    El mensaje es claro: en el mundo real, las grandes fortunas y empresas juegan con el destino de millones de personas, explotando su trabajo y desesperación para obtener más beneficios.

    Espacios y jerarquía social: la arquitectura de la desigualdad

    Si te has fijado bien encontrarás otro punto común en ambas historias y es que la arquitectura no es solo un escenario, sino una metáfora de la desigualdad.

    Y si no te has dado cuenta, mira estas imágenes.

    Elementos claves de la arquitectura en Parásitos

    En Parasite, la casa de los Park es luminosa, amplia y con grandes ventanales que les permiten ver el mundo desde arriba. En cambio, el semi-sótano de los Kim es oscuro, estrecho y con una pequeña ventana que apenas deja ver la calle. ¿Te diste cuenta de que cuando la lluvia llega, para los Park es solo un pequeño inconveniente, pero para los Kim es una catástrofe? La naturaleza misma parece favorecer a los ricos.

    Por tanto, descubrimos que la arquitectura en Parasite no es solo un escenario, sino una metáfora de la estratificación social en Corea del Sur. Bong Joon-ho utiliza los espacios para reforzar visualmente la división de clases:
    De este modo, encontramos:

    1. El semi-sótano de los Kim: Un espacio a medio camino entre la superficie y el subsuelo, representando una clase que no está completamente hundida en la miseria, pero que tampoco tiene acceso a la estabilidad económica.
    2. La casa de los Park: diseñada por un famoso arquitecto ficticio, la villa de los Park simboliza la exclusividad de la clase alta y su desconexión con los problemas de los pobres.
    3. El búnker secreto: La existencia de un espacio oculto dentro de la casa de los Park sugiere que hay niveles aún más profundos de marginalización, representados por el hombre que vive escondido en el sótano.
    Imagen de la película

    La arquitectura en Squid Game

    Como podrás imaginar, la arquitectura en Squid Game tampoco es solo un elemento decorativo, sino una herramienta narrativa clave que refuerza la sensación de alienación, desigualdad y control. Sus espacios están diseñados para desorientar, infantilizar y deshumanizar a los participantes, evocando tanto la estética de la infancia como el brutalismo de los espacios carcelarios. ¿Quieres saber qué influencias artísticas hay en la serie? Sigue leyendo.
    Si te has fijado bien, la serie utiliza escenarios geométricos, colores vibrantes y estructuras aparentemente inofensivas que ocultan la crueldad del sistema. Estos elementos tienen referencias claras en el arte y la arquitectura:

    Maurits Cornelis Escher (1898-1972)

    Uno de los referentes más evidentes en Squid Game es el artista neerlandés M.C. Escher, famoso por sus ilusiones ópticas y estructuras arquitectónicas imposibles. Las escaleras laberínticas en la serie recuerdan a su obra Relativity (1953), donde las escaleras se entrecruzan en ángulos ilógicos, desafiando la percepción del espacio y la gravedad.

    • Significado en Squid Game:
      Los pasillos y escaleras reflejan la falta de escape y la confusión de los jugadores, atrapados en un sistema donde las reglas cambian constantemente y el destino es incierto.

    Brutalismo y arquitectura carcelaria

    El brutalismo, un estilo arquitectónico surgido en los años 50, se caracteriza por el uso de  geometrías agresivas y estructuras imponentes que transmiten opresión. En Squid Game, muchas de las salas recuerdan prisiones o instituciones totalitarias.

    • Ejemplo en la serie:
      Los dormitorios de los jugadores están diseñados como un panóptico, con literas apiladas que van desapareciendo. Esta estructura recuerda al concepto de vigilancia descrito por Michel Foucault en Vigilar y castigar (1975), donde los prisioneros pueden ser observados en todo momento, asegurando su sumisión.
    Literas de Squid Game

    La Ciudad Ilustrada de Ricardo Bofill

    El uso de colores pastel y formas geométricas en Squid Game también tiene paralelismos con la arquitectura de Ricardo Bofill, especialmente en su obra La Muralla Roja en España. Este complejo de viviendas con escaleras intrincadas y fachadas de colores intensos evoca un laberinto de posibilidades, pero en la serie adquiere un matiz opresivo.

    Las escaleras

    Significado en Squid Game:
    La estética de parque infantil y el uso de colores vivos generan una sensación de falsa seguridad. Los jugadores creen que están en un espacio lúdico, pero en realidad están atrapados en un sistema letal.

    La deshumanización: el precio de la Supervivencia

    Otro de los aspectos más perturbadores de Squid Game es cómo el juego deshumaniza a sus participantes, obligándolos a tomar decisiones crueles para sobrevivir.
    Al inicio, los concursantes intentan cooperar, pero conforme avanza la competencia, la moralidad se debilita y cada uno empieza a actuar por su propia supervivencia.
    Esto refleja cómo, en situaciones de crisis extrema, los seres humanos pueden volverse despiadados para protegerse a sí mismos.
    El mensaje que nos deja Squid Game es que la sociedad ya funciona como un juego mortal, solo que de una manera más sutil.
    Las personas en la vida real pasan por crisis financieras, enfermedades o accidentes sin que nadie los ayude.
    En la serie, los jugadores pueden irse después de los juegos, pero la mayoría decide seguir porque su situación en la vida real es aún peor.
    La brutalidad del juego es solo una versión exagerada de la indiferencia con la que el mundo trata a los más vulnerables.

    Pero ¿se puede salir de esto? Ya vimos que en Parasite los Kim no pueden hacerlo, esperaremos a ver qué nos cuentan en la tercera temporada de Squid Game.

    Parasite y Squid Game: han, capitalismo y arquitectura de la desigualdad

    –––––––

    Feb 16
  • ¡Hola! Por fin he podido acabar Squid Game y me ha obsesionado tanto que os traigo varios artículos sobre esta maravillosa serie.

    Desde su estreno, Squid Game (2021) ha sido reconocido por su poderosa crítica al capitalismo y su narrativa intensa. Sin embargo, uno de los elementos más profundos de la serie es la representación del concepto coreano de Han (한), una emoción colectiva de resentimiento, sufrimiento y desesperanza profundamente arraigada en la historia de Corea del Sur. Seong Gi-hun, el protagonista, encarna este sentimiento a lo largo de las dos temporadas, convirtiéndose en un símbolo de la lucha contra la injusticia y la resignación ante un sistema que parece imposible de vencer.

    El Han es un concepto cultural que ha evolucionado con la historia de Corea del Sur, moldeado por eventos como la ocupación japonesa y la Guerra de Corea. Representa la acumulación de dolor y frustración de generaciones que han experimentado la opresión y la pobreza, pero también la resistencia frente a la adversidad. En el cine surcoreano, esta emoción ha sido transformada en una estética visual y narrativa conocida como Cinematic Han, donde los personajes son retratados como víctimas de un sistema opresivo del cual no pueden escapar. En Squid Game, el Han se manifiesta a través de Gi-hun, un hombre atrapado en un ciclo de sufrimiento que refleja las condiciones de desigualdad y explotación de la sociedad coreana contemporánea.

    Desde el primer episodio, Gi-hun es presentado como un hombre derrotado por la vida. Perdió su empleo durante la crisis financiera de 2008 y desde entonces ha vivido endeudado, incapaz de mantener a su hija o cuidar a su madre enferma. Su desesperación lo lleva a aceptar una invitación a los Juegos, una competencia mortal que le promete una segunda oportunidad. Sin embargo, su participación solo refuerza la idea de que el sistema está diseñado para que los más vulnerables se destruyan entre sí mientras los poderosos observan desde la distancia. A lo largo de los Juegos, Gi-hun se enfrenta a la traición, la desesperanza y la brutalidad, descubriendo que no hay justicia en un mundo donde la supervivencia se basa en la explotación de los débiles. Incluso después de ganar, su victoria resulta vacía, ya que su madre muere antes de que pueda usar el dinero para ayudarla.

    El final de la primera temporada refuerza la naturaleza del Han en Gi-hun. En lugar de intentar reconstruir su vida con el dinero del premio, decide no abordar su vuelo y enfrentar el sistema que lo ha destruido. Su decisión refleja la esencia del Han: la incapacidad de olvidar el sufrimiento y la necesidad de desafiar la injusticia, incluso cuando las probabilidades están en su contra. Su viaje en la segunda temporada representa una transformación dentro del concepto del Han. Mientras que en la primera temporada su dolor era pasivo, en la segunda se convierte en un motor de resistencia. Gi-hun regresa a los Juegos no como un jugador, sino como alguien dispuesto a desmantelar el sistema desde dentro.

    La evolución de su Han en la segunda temporada refleja un cambio en la representación de esta emoción en el cine surcoreano. Durante décadas, el Han ha sido retratado como un sufrimiento resignado, donde los personajes aceptaban su destino sin posibilidades reales de cambiarlo. Sin embargo, en el cine contemporáneo, este sentimiento ha evolucionado hacia una respuesta más activa y militante. En Squid Game, Gi-hun encarna esta transformación al pasar de ser una víctima a convertirse en un rebelde dentro del sistema. Sin embargo, la serie también deja claro que enfrentarse a una estructura tan poderosa es una lucha desigual, lo que refuerza la idea de que el Han no es solo una carga emocional, sino también una manifestación del sistema inquebrantable en el que los personajes están atrapados.

    El Han de Gi-hun no es solo una cuestión individual, sino un reflejo de la sociedad coreana contemporánea. Su historia encapsula las realidades del desempleo, la deuda y la precarización de la vida en Corea del Sur, donde la desigualdad se ha vuelto estructural y la movilidad social es cada vez más difícil. La serie expone cómo el capitalismo crea desesperación y luego convierte esa misma desesperación en una herramienta de control. Los Juegos no solo representan la lucha de los pobres por la supervivencia, sino que también muestran cómo la élite disfruta viendo su sufrimiento, lo que refuerza la idea de que los poderosos no solo ignoran la miseria de los demás, sino que la convierten en un espectáculo.

    La historia de Gi-hun sigue el patrón de muchas narrativas surcoreanas en las que los personajes intentan desafiar la injusticia, pero el sistema siempre encuentra la manera de reafirmar su control. Aunque en la segunda temporada su Han se vuelve más activo, sigue enfrentándose a la misma pregunta: ¿es posible romper el ciclo del sufrimiento o está condenado a repetirlo? Su evolución muestra que el Han no es solo una emoción de resignación, sino también un impulso hacia la acción, aunque las posibilidades de éxito sean inciertas.

    En última instancia, Squid Game no solo es una serie sobre juegos mortales, sino una exploración profunda del Han en la sociedad contemporánea. Gi-hun representa la lucha de quienes intentan resistir un sistema diseñado para aplastarlos, y su historia nos recuerda que el Han no es solo un sentimiento de tristeza, sino también una narrativa de resistencia y lucha contra la injusticia. En unos meses se estrena la tercera temporada y solo nos quedará ver quién vence al final, si Gi-hun logrará desafiar el sistema con éxito o si su destino, como el de tantos otros, está sellado desde el principio en el juego de la vida, que es deshonesto desde el principio.

    El Han en Seong Gi-hun de Squid Game

    –––––––

    Feb 15

  • ¡Hola! Debido al éxito del reciente kdrama The Trauma Code: Heroes on Call que podéis ver en Netflix, os traigo una reflexión sobre cómo la ficción coreana utiliza la figura de médicos outsiders para criticar el sistema. ¡Si te interesa, sigue leyendo!

    Póster de la nueva serie de Ju Ji Hoon

    Hay muchos kdramas médicos, de hecho es un género en sí mismo, con series como Hospital Playlist, Life, Doctors, entre otras. Estos kdramas ambientados en hospitales no solo exploran la medicina y los dilemas éticos, también la amistad, el ego o la relación con los pacientes, pero hay varias series que a menudo presentan a personajes que son outsiders del sistema: genios inadaptados, médicos con traumas personales o rebeldes que desafían la jerarquía hospitalaria.

    En este artículo, analizo por qué esta tendencia se repite y cómo se manifiesta en Dr. Romantic, The Good Doctor, Doctor Stranger y la última serie de Ju Ji Hoon.
    Podemos decir que el género médico en Corea del Sur ha evolucionado para no solo enfocarse en los casos clínicos, sino en la lucha personal de los protagonistas contra un sistema rígido, burocrático y, a menudo, corrupto. En este contexto, el protagonista suele ser alguien que desafía las reglas porque su talento o perspectiva única le impide encajar.
    A continuación voy a desarrollar varios ejemplos.
    Dr. Romantic: el mentor excéntrico y el sistema opresivo
    La saga Dr. Romantic (2016, 2020 y 2023) es un claro ejemplo del médico outsider que desafía el orden establecido. El protagonista, el doctor Kim Sa-bu, es un cirujano brillante que abandona los hospitales de élite para trabajar en un hospital rural, donde sigue su propio código moral. La serie presenta a médicos jóvenes que, bajo su tutela, deben desaprender las reglas frías del sistema y reencontrarse con la verdadera vocación médica.
    El drama critica cómo la medicina moderna está dominada por intereses políticos y económicos, mientras que los médicos con verdadera pasión son marginados. Kim Sa-bu es un mentor excéntrico, pero justo, que forma a nuevos médicos en una visión más humanista de la profesión.


    Póster de The good doctor

    The Good Doctor: el genio con autismo y la lucha por la aceptación
    Antes de su adaptación en Estados Unidos, The Good Doctor (2013) en Corea del Sur presentó un protagonista poco convencional: un cirujano con autismo y síndrome de savant, Park Shi-on. A pesar de su talento excepcional, enfrenta el rechazo de sus colegas debido a su dificultad para comunicarse y entender las emociones humanas.
    El drama no solo muestra los desafíos médicos, sino que cuestiona qué significa ser un buen médico: ¿basta con la habilidad técnica o es indispensable la empatía? The Good Doctor convierte a su protagonista en un símbolo de lucha contra los prejuicios, pero también en un ejemplo de cómo un outsider puede cambiar el sistema desde adentro.


    Doctor Stranger: el exiliado que sobrevive en dos mundos

    Uno de los casos más extremos es Doctor Stranger (2014), donde Park Hoon, el protagonista, es un cirujano surcoreano secuestrado de niño y criado en Corea del Norte, donde se convierte en un prodigio de la medicina. Cuando logra escapar a Corea del Sur, es tratado como un extraño, sin importar su habilidad quirúrgica.
    Aquí, el drama utiliza la figura del outsider para criticar no solo el sistema médico, sino la política y la ideología. Park Hoon no pertenece ni al Norte ni al Sur, y su talento es menospreciado por no haber seguido el camino tradicional. Su historia refleja la dificultad de reintegrarse en un sistema que castiga a quienes vienen de entornos diferentes, sin importar su capacidad.


    The Trauma Code: Heroes on Call – médicos de emergencia y la lucha contra el destino

    La reciente The Trauma Code: Heroes on Call (2024) introduce una nueva variación del tema, centrándose en médicos de emergencias que deben actuar en situaciones extremas. En este contexto, el sistema hospitalario convencional no es suficiente, y los protagonistas deben tomar decisiones fuera de las reglas para salvar vidas.
    El drama refuerza la idea de que el sistema médico es insuficiente frente a ciertas crisis, y que solo aquellos dispuestos a romper las normas pueden realmente marcar la diferencia. Como en Dr. Romantic, los médicos aquí se enfrentan a una estructura que a veces les impide hacer lo correcto.

    Entonces, ¿por qué los kdramas médicos insisten en estos personajes?
    La recurrencia de estos personajes en kdramas médicos no es casualidad. Hay varias razones narrativas y sociales detrás de esta tendencia:
    1. Crítica al sistema médico y a la burocracia: En Corea del Sur, los hospitales son altamente jerárquicos, con problemas de corrupción y desigualdad. Los kdramas reflejan esta realidad mostrando a médicos que deben luchar contra un sistema más interesado en el dinero y la reputación que en los pacientes.
    2. El atractivo del genio inadaptado: Personajes como el Dr. Kim Sa-bu, Park Shi-on, Park Hoon o Baek Gang Hyeok representan la fascinación por el genio que no encaja, un tropo popular en la ficción. Su lucha por el reconocimiento y su búsqueda de justicia hacen que el público empatice con ellos.
    3. La medicina como una vocación, no solo una profesión: Estos dramas destacan que ser médico no es solo una cuestión de habilidad técnica, sino de valores y ética. Los protagonistas son outsiders porque siguen su propio código moral, incluso si eso los enfrenta al sistema.
    4. Tensión narrativa y dramatismo: Un médico que encaja perfectamente en el sistema hospitalario sería menos interesante. En cambio, un outsider genera conflictos, desafíos y dilemas éticos que mantienen la historia en constante tensión.

    Conclusión: los médicos rebeldes como símbolo de cambio

    Los kdramas médicos han convertido al outsider, genio o rebelde en una figura recurrente porque reflejan una lucha real dentro de la sociedad: el conflicto entre la vocación y la burocracia, entre la ética y la conveniencia. Ya sea el mentor excéntrico (Dr. Romantic), el genio con dificultades sociales (The Good Doctor), el exiliado atrapado entre dos mundos (Doctor Stranger) o el médico de emergencia que desafía las reglas (The Trauma Code), estos personajes nos recuerdan que, en la medicina y en la vida, a veces es necesario desafiar el sistema para hacer lo correcto

    Los médicos incomprendidos en los kdramas: genios, outsiders y rebeldes del sistema

    –––––––

    Ene 31
  • ¡Hola! Hoy regreso al blog para hablaros de algo que he descubierto a raíz de mi última lectura «The picture Bride» de la autora coreana Lee Geum-yi.

    Novela The picture Bride de Lee Geum-yi

    ¿Sabíais que a principios del siglo XX, cientos de mujeres coreanas (y también japonesas) emprendieron un viaje al otro lado del Pacífico para comenzar una vida nueva como esposas de inmigrantes en Hawái?

    Estas mujeres, conocidas como Picture Brides o «novias por fotografía», simbolizan una parte fundamental de la historia de la inmigración coreana a los Estados Unidos. Más allá de las dificultades cotidianas, muchas de ellas desempeñaron un papel crucial en el movimiento independentista coreano, marcando sus vidas con sacrificio y dedicación. ¿Te interesa? ¡Sigue leyendo!

    Un poco de contexto

    La caña de azúcar llegó a Hawái con los viajeros de la Polinesia entre el 1000 y el 1200 d.C., quienes desarrollaron un sistema de horticultura avanzado. La tierra estaba administrada por jefes que recolectaban impuestos y construían redes comerciales. En el siglo XVIII, el rey Kamehameha I unificó los cacicazgos en una nación soberana.

    A principios del siglo XIX, los misioneros estadounidenses intentaron establecer grandes plantaciones de caña de azúcar. En 1835, American Ladd and Company fundó la primera plantación en Koloa, Kauai. Con el tiempo, empresas estadounidenses dominaron las plantaciones, controlando gran parte de las tierras.

    En 1887, la Liga Hawaiana forzó al rey Kalakaua a firmar una constitución que transfería el poder a extranjeros y marginaba a los hawaianos nativos. Tras la muerte del rey, la reina Lili’uokalani intentó devolver el poder a los hawaianos, pero fue derrocada por líderes estadounidenses, y Hawái fue anexado por EE.UU. en 1898.

    Los dueños de plantaciones recurrieron a trabajadores migrantes de China, Japón y Corea. Los hombres japoneses se convirtieron en el grupo más numeroso, aunque enfrentaron restricciones matrimoniales y de inmigración. Para mantener la fuerza laboral, se fomentó que echaran raíces en Hawái. Y así es como se implementó la idea de las «novias por fotografía».

    El sistema de las Picture Brides

    El término Picture Bride se refiere a una práctica de matrimonios arreglados en la que las parejas se conocían a través de fotografías y recomendaciones familiares. En el caso de las mujeres coreanas, muchas aceptaron estas uniones como una única salida para escapar de las restricciones patriarcales de la Corea colonizada por Japón y para buscar mejores oportunidades en el extranjero siguiendo los pasos de los hombres que habían emigrado previamente para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar.

    Motivaciones económicas y patrióticas

    En un contexto de pobreza extrema y colonización japonesa, las mujeres coreanas veían en Hawái una posibilidad para mejorar sus vidas.

    Se cree que la mayoría eran de la provincia de Gyeongsang . Esto era inevitable, porque Gyeongsang-do, que tenía una baja producción de arroz, era una zona  extremadamente pobre. Las mujeres que terminaron como «novias de fotografía » fueron en muchos casos, enviadas para aliviar la carga que suponía su alimentación. Las palabras de la casamentera sobre que Hawái era el paraíso en la tierra no eran 100% ciertas, pero tampoco eran mentiras del todo. Estados Unidos, que era el país más desarrollado del mundo en ese momento, era mucho más próspero, y el futuro esposo en Hawái también tenía un trabajo decente para alimentar a su esposa, por lo que al menos ella no tendría que preocuparse por ganarse la vida en Hawái. La promesa de educación, estabilidad económica y la oportunidad de formar parte de una comunidad activa atrajo a muchas de ellas. El proceso estaba lleno de incertidumbre. Las mujeres confiaban en fotografías que a menudo no representaban la realidad, encontrándose con maridos mucho mayores o diferentes de lo esperado. Sin embargo, al llegar al puerto de Honolulu, muchas aceptaban su destino, impulsadas por la necesidad económica y el deseo de estabilidad.

    No se sabe exactamente cuántas novias fotográficas llegaron a Hawái, pero se estima que hubo entre 600 y 1.000 entre 1910 y 1924.

    Además, algunas Picture Brides estaban motivadas por un fuerte patriotismo: al casarse con compatriotas en el extranjero, contribuían a preservar la identidad cultural coreana y apoyaban indirectamente el movimiento independentista. También se les decía que en Hawaii: <<Evitarás la opresión de los japoneses y, si vas al extranjero, también hablarás de los asuntos internos de tu país de origen, o podrás estudiar más y participar en el movimiento revolucionario y, al final, podrás consolarte.>>

    Obviamente, en la mayoría de los casos, no fue lo que esperaban.

    La vida en Hawái: Trabajo y comunidad

    La vida de las Picture Brides en Hawái estuvo marcada por arduas jornadas de trabajo y la construcción de comunidades sólidas.

    Una vez en las islas, solían trabajar junto a sus maridos en las 29 plantaciones de caña de azúcar. Asignadas a “cuadrillas de mujeres”, se encargaban de desmalezar, quitar las hojas secas de la caña y cortar las semillas. Sin embargo, aunque realizaban muchas de las mismas tareas extenuantes que los hombres, recibían un salario significativamente menor: en general, ganaban alrededor de un tercio menos que sus compañeros masculinos. Además de su labor en los campos, las “novias de foto” también realizaban tareas domésticas no remuneradas, como lavar la ropa, limpiar las casas y preparar las comidas para los trabajadores hombres.

    Muchas trabajaban como costureras, cocineras o en tareas domésticas para complementar los ingresos de sus esposos, quienes eran mal remunerados en las plantaciones de azúcar. A pesar de las dificultades, estas mujeres lograron establecer redes de apoyo a través de iglesias y asociaciones locales.

    La Iglesia Metodista Coreana en Honolulu, por ejemplo, se convirtió en un espacio central para la organización comunitaria. A través de actividades religiosas y sociales, las mujeres recaudaban fondos para apoyar el movimiento independentista coreano. Vendían kimchi, pasteles de arroz y otras especialidades coreanas, logrando reunir miles de dólares para financiar las actividades de resistencia en Corea y Shanghái entre 1915 y 1945.

    El movimiento de independencia coreano

    El compromiso de las Picture Brides con la independencia de Corea fue extraordinario. Algunas, como Lee Hee-kyung, llevaron dinero en secreto a los activistas en Corea y Shanghái, arriesgándose a ser encarceladas por las autoridades japonesas. Lee, quien había llegado a Hawái en 1912, fue arrestada y pasó casi dos años en prisión por su participación en estas actividades.

    El Movimiento del 1 de Marzo de 1919, un levantamiento masivo contra el dominio colonial japonés, inspiró a muchas mujeres en la diáspora. Desde Hawái, las Picture Brides contribuyeron no solo con recursos económicos, sino también con su voz, destacándose como líderes dentro de la comunidad inmigrante.

    Las Picture Brides enfrentaron numerosos desafíos. Desde la discriminación racial en los Estados Unidos hasta las tensiones culturales dentro de sus propios hogares, estas mujeres vivieron en un constante equilibrio entre tradición y adaptación. A pesar de ello, lograron construir vidas significativas, educar a sus hijos y mantener viva la herencia cultural coreana en el extranjero.

    Algunas de estas historias han sido inmortalizadas en la literatura y el teatro, como en la novela Honolulu de Alan Brennert y en la película Picture Bride (que narra la historia de una de las esposas de fotografía japonesa).

    Póster de la película japonesa. Dirección de Kayo Hatta
    Portada de la novela de Alan Brennert

    Estas obras destacan la fortaleza, sacrificio y resiliencia de las Picture Brides, recordando su contribución no solo a la historia de Corea, sino también al tejido social de Hawái.

    Hoy en día, el legado de las Picture Brides perdura en las comunidades coreano-estadounidenses. Sus descendientes, muchos de los cuales son profesionales destacados, reconocen el sacrificio de estas mujeres que cruzaron un océano con la esperanza de un futuro mejor. Además, su papel en el movimiento independentista coreano subraya la importancia de las mujeres en la lucha por la libertad y la justicia.

    Las Picture Brides no solo tejieron nuevas vidas en un país extranjero, sino que también se convirtieron en pilares de resistencia y esperanza, dejando un impacto duradero en la historia de la diáspora coreana.

    Novias de fotografía: las mujeres coreanas que cruzaron el océano

    –––––––

    Dic 27
  • El Yeoseong Gukgeuk es un género teatral único y fascinante en Corea del Sur que combina música, actuación y danza, y se caracteriza principalmente por sus elencos compuestos exclusivamente por mujeres. Este género no solo es una forma de entretenimiento, sino también una expresión cultural y social significativa.

    El Yeoseong Gukgeuk surgió en la década de 1940 como una variante del tradicional Gukgeuk, que era similar a la ópera tradicional coreana pero con actores masculinos. En un contexto histórico donde las mujeres tenían roles limitados en la sociedad, el Yeoseong Gukgeuk proporcionó una plataforma para que las mujeres interpretaran todos los papeles, tanto masculinos como femeninos, desafiando las normas de género de la época.

    La ópera nacional ‘Hwajunghwa’ representada en el Salón de Construcción de Myeongdong en 1948 se considera la primera ópera. Desde entonces, ha producido éxitos como ‘Sunbeam and Moon’, ‘Gyeonwoo Jignyeo’ y ‘Prince Hodong’, así como estrellas como Kim So-hee, Kim Jin-jin, Park Gwi-hee, Park Nok- ju, Lim Chun-aeng y Jom-aeng Jo. Después de 1965, entró en decadencia debido a la afluencia de medios como el cine y la televisión y también como consecuencia de la “creación de una nación patriarcal».

    Características principales:

    1. Elenco exclusivamente femenino: A diferencia de otras formas de teatro, todos los personajes en el Yeoseong Gukgeuk son interpretados por mujeres. Esto incluye tanto los roles femeninos como los masculinos.

    2. Mezcla de artes: El Yeoseong Gukgeuk combina varios elementos artísticos, incluyendo el canto, la actuación y la danza. Las representaciones suelen ser dinámicas y visualmente impactantes.

    3. Narrativas diversas: Las historias representadas en el Yeoseong Gukgeuk varían desde dramas históricos hasta adaptaciones de obras literarias y cuentos populares. Esta diversidad de narrativas permite explorar una amplia gama de temas y emociones.

    4. Vestuario y maquillaje: El uso de vestuarios elaborados y maquillaje distintivo es una parte esencial del Yeoseong Gukgeuk. Estos elementos ayudan a las actrices a transformarse en sus personajes y a destacar visualmente en el escenario.

    Impacto social y cultural

    El Yeoseong Gukgeuk ha tenido un impacto profundo en la cultura y la sociedad coreana. Durante su apogeo en las décadas de 1950 y 1960, este género teatral no solo entretenía al público, sino que también cuestionaba y subvertía las normas tradicionales de género. Al permitir que las mujeres desempeñaran todos los roles, el Yeoseong Gukgeuk desafió las percepciones sobre las capacidades y el lugar de las mujeres en la sociedad.

    El artivismo mediático ha emergido como una tendencia artística de gran relevancia en el siglo XXI, brindando a mujeres y minorías una plataforma para proyectar sus voces desde la resistencia, con el objetivo de provocar una transformación en la sociedad.

    Esta práctica combina el arte y el activismo, facilitando la reflexión sobre información a través de diversas manifestaciones artísticas, generando un impacto significativo a nivel global. Un ejemplo destacado de esta corriente es la obra de la artista surcoreana Siren Eun Young Jung, cuyo trabajo a través del videoarte y la performance destaca por su exploración de los roles de género y su resistencia a las normas tradicionales. El proyecto Yeoseong Gukgeuk de Jung, centrado en un estilo músico-teatral coreano, desafía las normativas tradicionales sobre el género y ofrece un mensaje subversivo sobre las mujeres y minorías, utilizando la performance como medio de resistencia.

    Esta intersección entre el arte y el activismo promovida por Jung representa una vía significativa para la exploración y el cuestionamiento de las normas de género, utilizando el arte como una herramienta de resistencia y transformación social. Su obra destaca la importancia de la memoria histórica y la reinterpretación contemporánea, proporcionando una plataforma para voces marginadas y fomentando un cambio significativo en la sociedad.

    El Yeoseong Gukgeuk, más que una forma de teatro, es un símbolo de resistencia y empoderamiento femenino en la historia de Corea del Sur, desafiando las normas de género y ofreciendo una plataforma para la expresión artística y la reflexión social.

    El Género de teatro Yeoseong Gukgeuk

    –––––––

    Ago 7
Página siguiente

Designed with WordPress

  • Bangkok en transformación: de la ciudad amurallada a la capital moderna
  • Entre la represión y el deseo: Madame Aema y el despertar del cine erótico en la Corea de los 80
  • Pachinko y la memoria migrante
  • Identidad y supervivencia en Pachinko
  • Han y la memoria emocional de Corea: dolor, resistencia y estética cultural
 

Cargando comentarios...