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Hoy me gustaría que la nueva entrada del blog sea una reseña de un libro que me ha impactado. Me lo habían avisado: «Actos humanos» te romperá el corazón. Y así ha sido.

Llevaba mucho tiempo queriendo leer a Han Kang, pero hasta que no la recomendaron en un curso que he realizado sobre «Corea en clave de género» no me había animado a pesar de que sé el éxito que supuso otra de sus novelas como es «La vegetariana» que fue galardonada con el Man Booker Internacional en 2016.

Al final, Han Kang escribe sobre todo tipo de violencias. Desde las más silenciosas y sutiles a las más evidentes, las que desgarran cuerpos, queman piel o amoratan mejillas.

Tenemos que volver a la década de los 80 y al asesinato del dictador Park Chung-hee para situar lo que se cuenta en esta novela. Os pongo en antecedentes, después de este fallecimiento, todo el mundo esperaba el comienzo de una era de democracia. Sin embargo, se produjo otro golpe militar a cargo de  Chun Doo-hwan que impuso una ley marcial. Estudiantes y ciudadanos salieron a las calles en protesta contra el gobierno. Uno de los mayores movimientos tuvo lugar en Gwangju, ubicada en el suroeste del país, en la provincia de Jeolla del Sur.

La respuesta del nuevo gobierno militar no se hizo esperar. Envió paracaidistas a Gwangju para reprimir una protesta pacífica liderada por estudiantes universitarios y ciudadanos a los que agredieron brutalmente y sin distinción aunque fueran hombres, mujeres, ancianos o niños. Estos ataques agravaron aún más la situación, y cada vez más más personas se unieron a las manifestaciones. El 21 de mayo de 1980, los soldados abrieron fuego contra ciudadanos dejando cientos de personas heridas o muertas. Ni siquiera se sabe con certeza cuántas personas murieron porque las cifras oficiales y las reales difieren por completo. De hecho, aún hay madres que no han conseguido saber qué fue de sus hijos.

Aquí os dejo un enlace donde se cuenta todo muy bien:

https://koreaenbarcelona.wordpress.com/2018/05/18/gwangju-uprising-18-de-mayo-de-1980/amp/

Una de las películas que aborda también el tema fue A taxi driver dirigida por Jang Hoon y protagonizada por el conocidísimo Song Kang-ho.

Y después de situaros en este contexto, vuelvo al libro de Han Kang publicado por Rata-Books

Han Kang cuenta lo acontecido aquellos terribles días dándoles voz a diferentes narradores, utilizando para ello una variedad de tiempos verbales con los que pretende alejar o acercar el foco.

El primer capítulo narrado en segunda persona, como si se dirigiera al mismo personaje que lo protagoniza nos sitúa en los momentos posteriores a la masacre. Un chico contempla cómo los cuerpos se hinchan, tantos, irreconocibles, en el edificio donde los tienen a la espera de que sus familiares los reconozcan y los velen.

¿Por qué les cantan el himno nacional a esas personas que mataron los militares? ¿Por qué las envuelven con la bandera, como si no fuera la misma patria quien las hubiera matado?-preguntaste con cautela.

Han Kang. Actos humanos

Pero las preguntas que se hace el protagonista no cesan: ¿Cuánto tiempo se quedará el alma junto a su cuerpo? ¿Aleatará como si fuera un pájaro? ¿Agitará el borde de la vela?

Gracias a la maestría de la autora es este personaje (del que al principio desconocemos el nombre) sobre el que se articulan el resto. Dongho, apenas un muchacho de quince años, decide quedarse a ayudar en el polideportivo, donde los cuerpos de los muertos se descomponen y él lucha con la culpabilidad. Y de ahí comienzan a desarrollarse el resto de capítulos, cada uno con un narrador/ personaje diferente en el que la autora aborda sin contemplaciones todos los abusos y las crueldades que se cometieron no solo durante aquellos días de mayo. Porque hubo muertes, cuerpos quemados para eliminar las pruebas, pero también torturas. La autora da voz a los supervivientes: a la joven que trabaja en una imprenta cuyas obras sufren la censura, a los jóvenes que acusaron y torturaron en las celdas.

(…)querían dejar bien claro que nuestros cuerpos no nos pertenecían, que no había nada que pudiéramos hacer por nuestra voluntad, que lo único que nos estaba permitido sentir era un dolor enloquecedor (…)

Habla también de la conciencia limpia, de la fuerza del sentir común, de sentirse parte de un todo y aborda la vida tan dura que tuvieron los que sobrevivieron a esas torturas y que no fueron capaces de llevar vidas normales aunque cuando todo sucedió no eran más que jóvenes que no pudieron ni siquiera disparar los rifles que llevaban.

¿Entonces el alma no es nada? Mejor dicho ¿será una especie de cristal? El cristal es transparente y se rompe con dificultad. Esa es su naturaleza. Es por eso que tenemos que tratar con cuidado todo lo que está hecho con ese material, porque si algo que está hecho de cristal se agrieta o se rompe, ya no sirve y hay que tirarlo. Antes teníamos dentro un cristal que no se rompía. No sabíamos si era cristal o qué, pero era algo auténtico, sólido y transparente. Haciéndonos trizas el cuerpo les demostramos que teníamos alma. Les demostramos que éramos seres humanos hechos de cristal de verdad.

Han Kang. Actos humanos

Otro de los capítulos más conmovedores es narrado por la madre de Dongho, que como otras cientos de mujeres se unió a la «Organización de madres de las víctimas del movimiento pro-democracia», que surgió mucho después de aquella masacre y que ha tratado de dar visibilidad y voz a los que no sobrevivieron y a sus familias (ya que muchos de ellos ni siquiera pudieron encontrar los cuerpos para enterrarles). Esta asociación aún sigue vigente en la actualidad. Este capítulo, llamado «Donde se abren las flores» está narrado como si le hablara a su propio hijo y me ha partido el alma por lo desgarrador que es.

(…) nos tomamos de las manos… ¡Qué manos tan frías! Cogiéndonos con fuerza las manos esqueléticas, como de espantapájaros, y dándonos palmadas en la espalda para consolarnos, nos miramos a la cara.

Han Kang. Actos humanos

Sé que mis palabras no le hacen justicia a lo que es esta novela. Creo que es una de esas obras que deberían ser de lectura obligatoria (aunque yo odio este concepto) ya es que es una novela que habla tan bien sobre la condición humana que te hace reflexionar sobre las atrocidades que se suelen cometer (a veces por los propios gobiernos) y que tienen unas consecuencias que no se superan dejando heridas abiertas en las sociedades. Durante años en Corea no se habló de lo acaecido en Gwangju y si se hacía, era en murmullos. Han Kang lo expresa muy bien en el último capítulo en el que cuenta cómo y por qué decidió escribir esta novela.

A pesar de que es dura de leer, recomiendo que la descubráis. Es una de esas obras que como dicen en uno de los paratextos finales hablan de esa «geografía del sufrimiento» que atraviesa el planeta. «Actos humanos» no es solo lo que sucedió en el Levantamiento de Gwanju, es también la historia de todas las sociedades, de cómo se han reprimido movimientos de protesta, de cómo se ha torturado a débiles o violado a mujeres durante los conflictos. «Actos humanos» habla sobre víctimas y lamentablemente, tanto en el pasado como en el presente, siempre son las más silenciadas. Por eso son tan importantes libros como este.

Gwangju era el otro nombre del aislamiento, de lo que es pisoteado por la fuerza, de lo vulnerado, de aquello que no debería ser dañado de ningún modo. (…) Gwangju renacía y era asesinada una y otra vez.

Han Kang. Actos humanos

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