¡Hola! Hoy hoy hablo del concepto coreano de han (한, 恨) que ha fascinado a académicos, artistas y teólogos por igual. Se trata de una emoción colectiva profundamente enraizada en la experiencia histórica de Corea y difícil de traducir al lenguaje occidental. ¿Es el han una forma de melancolía? ¿Un duelo sin resolución? ¿Una energía transformadora? En este artículo voy a tratar de aclararlo. Si te interesa, ¡sigue leyendo!

Definir lo indefinible: ¿qué es el han?

El han ha sido descrito como un sentimiento profundo y acumulativo de pena, ira contenida, injusticia no resuelta y esperanza melancólica. Park Kyong-ni, autora de T’oji, lo define como «una mezcla de tristeza y esperanza, el núcleo mismo de la vida»​. Es una emoción colectiva que atraviesa generaciones y que no se expresa abiertamente, sino que se reprime, se hereda y se transforma.

Como observa Sandra So Hee Chi Kim, el han fue conceptualizado como un rasgo del alma coreana durante la ocupación japonesa, y luego adoptado como parte del discurso etnonacionalista poscolonial​. Más que una emoción individual, se trata de un afecto histórico, una memoria emocional del trauma colectivo.

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Origen histórico y resignificación cultural

La historia moderna de Corea está marcada por el trauma: la ocupación japonesa (1910–1945), la Guerra de Corea, la división de la península, y las dictaduras militares. Estas experiencias consolidaron el han como un símbolo nacional de duelo no resuelto.

En el ámbito espiritual, el han se expresa a través del hanpuri, un ritual chamánico de liberación del dolor reprimido.

Esta noción ha sido incorporada también por la teología Minjung, que entiende el han como expresión del sufrimiento del pueblo oprimido

Pero el han no solo vive en los templos o las montañas: se manifiesta en la música pansori, en la poesía, en el cine, en los k-dramas y en el K-pop. Como destaca Björn Boman, incluso grupos como BTS o (G)I-dle han incorporado elementos de han en sus letras, especialmente en temas sobre pérdida, frustración y memoria emocional​. En estos contextos, el han se ha resignificado como una forma de procesar y embellecer el sufrimiento.

Cine y han: el realismo emocional coreano

El cine surcoreano ha sido uno de los principales vehículos para expresar el han. Autores como Lee Chang-dong, Hong Sang-soo, Im Kwon-taek, y Park Chan-wook han construido poéticas del silencio, la alienación y la búsqueda de redención.

  • Secret Sunshine (Lee Chang-dong, 2007): una mujer que pierde a su hijo intenta encontrar sentido en la religión, pero el perdón se convierte en otra forma de dolor.
  • Poetry (Lee Chang-dong, 2010): una abuela en los márgenes de la sociedad busca la belleza en medio de la vergüenza familiar.
  • Burning (2018): explora la impotencia de una generación atrapada entre el deseo, la desigualdad y la indiferencia.
  • Peppermint Candy (1999): recorre la historia reciente de Corea a través de la vida de un hombre destruido por su pasado.
  • Oasis (2002): retrata el amor entre dos personas marginadas por la sociedad, sin idealizar su sufrimiento.
  • Oldboy (2003): venganza, encierro, humillación —una condensación oscura del han masculino contemporáneo​.

En todos estos casos, el han se manifiesta a través de lo que Ryan Gardener llama “realismo emocional”: no importa tanto la verdad factual, sino la forma en que el cine logra transmitir la densidad afectiva del trauma histórico y personal​.

El han en los kdramas

Aunque los dramas coreanos tienden a ser más accesibles y comerciales, también han sabido representar el han en formas populares pero poderosas.

Ejemplos notables:

  • My Mister (tvN, 2018): un relato sutil sobre la tristeza silenciosa, el cansancio emocional y la conexión entre dos seres rotos.
  • Misaeng (tvN, 2014): retrata el mundo laboral como una prisión emocional, donde el han se acumula en la impotencia cotidiana.
  • Reply 1988 (tvN, 2015): nostalgia, pérdidas familiares y la melancolía del tiempo que ya no vuelve.
  • Uncontrollably Fond (KBS2, 2016): dolor físico y emocional, redención imposible, un protagonista que muere sin reconciliación.
  • Move to Heaven (Netflix, 2021): cada episodio es un retrato de duelos no resueltos, abandono y memorias silenciadas.
  • Mr Sunshine (tvN, 2018 / Netflix): un relato profundamente marcado por el han —tanto en sus personajes como en su tratamiento de la historia nacional coreana.

Incluso en dramas de género fantástico como Hotel del Luna o Goblin, los personajes viven durante siglos atrapados en el han, esperando redención o descanso espiritual.

Pachinko: han transgeneracional y resistencia femenina

Pachinko

La serie Pachinko (Apple TV+, 2022), basada en la novela de Min Jin Lee, es una de las representaciones más complejas del han en la narrativa transnacional coreana.

A través de varias generaciones de una familia coreana en Japón, Pachinko retrata:

  • La humillación colonial.
  • La discriminación racial y de clase.
  • El desarraigo cultural.
  • La transmisión del trauma a través de madres, hijas y abuelas.

Sunja, la protagonista, encarna un tipo de han que es silencioso pero poderoso: el de las mujeres que cargan con la historia sobre sus hombros y sobreviven sin dramatismo, pero con dignidad. La serie convierte al han en un lenguaje visual y afectivo: en las miradas, los silencios, la repetición de gestos cotidianos y la lucha por mantener la memoria viva.

Diáspora, género y memoria: el han como herencia

En la literatura y experiencia de la diáspora coreana, el han se manifiesta como lo que Héloïse Thomas-Cambonie denomina postmemory han: un duelo heredado que afecta la identidad, especialmente entre mujeres jóvenes que cargan con las heridas coloniales, patriarcales y raciales de sus madres y abuelas​. Pero también muestra cómo el han puede ser fuente de espiritualidad, compasión y resiliencia.

El han como forma de pensamiento

El han no es solo una emoción. Es una estructura de sentimiento, como diría Raymond Williams. Es la manera en que Corea ha aprendido a narrar su historia desde el duelo, pero también desde la creatividad.

El han articula una ética de la memoria: no olvidar, no vengarse, pero tampoco dejar de sentir. Es el dolor que se hace arte, el silencio que se vuelve cine, la herida que se transforma en canción.

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