
La novela Pachinko de Min Jin Lee, publicada en 2017, es una obra magistral que nos cautiva con su profundidad y riqueza narrativa.Os hablé de ella en otra entrada (aquí).En «Pachinko», Min Jin Lee explora profundamente el tema de la identidad a través de las experiencias de sus personajes, quienes luchan por encontrar un sentido de pertenencia y autenticidad en un mundo marcado por la discriminación y la marginalización.
La serie de televisión del mismo nombre, estrenada en Apple TV+ en marzo de 2022, adapta esta conmovedora historia que abarca cuatro generaciones de una familia coreana que emigra a Japón durante la ocupación colonial japonesa. Desde el mensaje inicial sobre la superación del pueblo coreano y una familia en concreto, Pachinko se nos muestra como un alegato de supervivencia y HAN. En un momento en el que las narrativas sobre migración proliferan en las plataformas globales, Pachinko se destaca no solo por su valor estético, sino por su complejidad ética, política y estructural. Esta serie trilingüe —producida entre Corea, Japón y Estados Unidos— no se limita a contar una historia familiar, sino que construye un retrato emocional y sensorial de lo que significa vivir entre fronteras, entre lenguas, entre tiempos.
La trama:
La historia comienza en la década de 1910, en un pequeño pueblo pesquero en el Distrito de Yeongdo, cerca de Busan, Corea del Sur. Sunja, la protagonista, nace en un entorno marcado por la opresión y la pobreza de la ocupación japonesa. Sus padres, Hoonie y Yangjin, manejan una humilde casa de huéspedes, permitiéndoles vivir ligeramente mejor que sus vecinos. Su padre, que era un marginado por una malformación en su labio, la amó intensamente y le prometió que siempre estaría cuidada. Quería mantener la fealdad del mundo lejos de su hija, y anhelaba desesperadamente que ella supiera que en el mundo aún quedaba bondad y gratitud.

Pero la época que le tocó vivir a Sunja, durante la ocupación japonesa de Corea, no fue amable para nadie.
Cogieron nuestra tierra, nos arrebataron nuestro arroz, nuestras patatas, nuestro pescado. Les ordenaron a nuestras mujeres que dejaran de llevar blanco. Nos hicieron comer como ellos, hablar como ellos pero nunca nos verán como uno de ellos.
Con esta frase uno de los huéspedes se queja de la situación. Habla de lo que fueron las políticas de japonizacion conocidas como Kominka.
La aparición de Koh Hansu, un hombre enigmático y apuesto, cambia el curso de su juventud.

Koh Hansu es un Zainichi (coreano residente en Japón) y comerciante de pescado con conexiones con la Yakuza, la mafia japonesa. Sunja se enamora apasionadamente de él, sin estar al tanto de su vida oscura y secreta, lo que le hará enfrentar una crisis de identidad cuando descubre su embarazo fuera del matrimonio. No olvidemos que estamos en una época en la que la castidad de una mujer era esencial en Corea. Con la aparición de Isaac, un joven cristiano que acepta casarse con ella, pese a que apenas la conoce, para salvar su reputación y la de su familia, Sunja se enfrenta a un gran cambio de vida puesto que acepta viajar a Osaka, donde la vida para los coreanos era un infierno lleno de carencias y privaciones.
La narrativa se convierte en una íntima saga de amor prohibido que se extiende desde Corea a Japón, con la familia enfrentando racismo, poder y dificultades económicas.
Identidad y adaptación:
La historia de la familia de Sunja, que se despliega entre 1910 y 1989, es también la historia de miles de coreanos desplazados durante la colonización japonesa.
Como os podéis imaginar, la identidad coreana es un tema central de Pachinko. Los personajes luchan por adaptarse a una nueva cultura, enfrentando prejuicios y desafíos mientras intentan preservar su herencia cultural. La supervivencia se entrelaza con la búsqueda de pertenencia, creando un poderoso hilo conductor a lo largo de la historia y de sus personajes, tanto de Sunja en Osaka como de su nieto Solomon, de vuelta a Japón como un exitoso hombre de negocios. Ya desde el primer episodio nos encontramos con una historia sobre las diferentes nociones de identidad, ya que la de este último personaje, Solomon siempre ha navegado entre la de sus familiares y la de su entorno(de esto os hablaré más en otra entrada).

Ambición narrativa y elementos cinematográficos:
La serie Pachinko se desarrolla en dos líneas temporales: la primera en la Corea del Sur ocupada por Japón en los años 1910, y la segunda en Japón a finales de los 80.
La geografía de Pachinko no es neutral. Edward Relph y Martin Heidegger sirven de base teórica para entender cómo el espacio en la serie no es solo un fondo, sino un tejido de sentido emocional. Yeongdo es raíz; Osaka es hogar impuesto; Tokio y Nueva York representan la despersonalización de la modernidad.
La cámara, los planos aéreos, las superposiciones y los paisajes urbanos amplifican la sensación de «placelessness», de no pertenecer a ningún lugar del todo.


Esta ambición narrativa se refleja en un diseño de producción impecable, donde el vestuario, los escenarios y la comida juegan un papel crucial en evocar la atmósfera de cada época.

Los directores Kogonada y Justin Chon mantienen una cohesión estilística que se traduce en una narrativa visual impresionante. La comida se convierte en un símbolo de conexión y pertenencia, transmitiendo emociones y recuerdos a través de los platos.

Reflexión sobre la discriminación y los sacrificios
Pachinko aborda de manera conmovedora la discriminación racial y los sacrificios familiares. A través de las experiencias de los inmigrantes coreanos en Japón, la serie explora la opresión, la xenofobia y el racismo. Las brechas generacionales y los sacrificios realizados por cuatro generaciones de una familia coreana son temas recurrentes, destacando las luchas de supervivencia en tiempos difíciles.

Algunos personajes que encontramos, aunque técnicamente japoneses, se enfrentan constantemente a la pregunta de dónde realmente pertenecen y qué significa ser parte de una comunidad que los ve como extranjeros y que no considera sus derechos. Algunos optan por renegar de su herencia y adoptar la cultura japonesa en un esfuerzo por integrarse, mientras que otros luchan por mantener viva su identidad coreana a pesar de las dificultades y la discriminación que enfrentan.

Además, la identidad de género también se examina en «Pachinko», especialmente a través de personajes como Sunja y su nuera, Kyunghee, quienes desafían las expectativas de género de la sociedad y luchan por encontrar su lugar en un mundo dominado por los roles tradicionales.
En última instancia, «Pachinko» nos muestra que la identidad no es algo estático, sino fluido y en constante evolución. A través de los altibajos de la vida de sus personajes, la novela nos recuerda la importancia de aceptarnos a nosotros mismos y a los demás, independientemente de nuestras diferencias, y de encontrar el coraje para afirmar nuestra identidad en un mundo que a menudo trata de definirnos por nosotros.
Desde la teoría cultural, Pachinko se inscribe en el género del «melodrama migratorio» (Ana Elena Puga), donde el sufrimiento no es solo parte de la trama, sino una condición de posibilidad para la representación. En esta lógica, el dolor es lo que permite a los personajes ser reconocidos y validados.
Sin embargo, la serie también ofrece momentos de consuelo, resistencia y reinvención. Los nacimientos, los reencuentros y los gestos cotidianos de cuidado funcionan como contrapunto al trauma. La migración no es solo pérdida: también puede ser reconstrucción.

Por tanto, Pachinko es una obra maestra que nos invita a reflexionar sobre la identidad, la supervivencia y el amor en épocas de adversidad.

Tanto la novela como la serie televisiva nos transportan a un mundo lleno de emociones y enseñanzas, donde las decisiones de cada generación repercuten a lo largo del tiempo. Si aún no has explorado esta fascinante saga, sumérgete en el universo de Pachinko y descubre cómo la identidad y la supervivencia se entrelazan en la historia de una familia resiliente.

